Belinda Parmar, la pionera de la tecnología que prohíbe los dispositivos y las pantallas en su casa

Gran Bretaña 15 de mayo 2018.- Después de todo, se ganó el apodo de “Lady Geek” por sus constantes visitas a escuelas para entusiasmar a las niñas sobre el mundo tecnológico, e incluso recibió de la reina Isabel II la Orden del Imperio Británico por lograr implicar a más mujeres en la industria.

Hoy día sigue siendo una entusiasta de la tecnología, y de la libertad y los beneficios que nos brinda. Sin embargo, ha conocido su lado oscuro de primera mano. Y le preocupa cómo puede afectar a los niños.

Equipada con nuevas investigaciones y con su propia experiencia personal, acaba de lanzar una nueva campaña para prevenir a los adultos y a los pequeños: #TheTruthAboutTech (la verdad sobre la tecnología).

Ya no podemos controlar a la tecnología: ella nos controla a nosotros

Belinda Parmar
Parmar no tiene reparos en hablar sobre lo que le motivó a adentrarse en este proyecto: “Tengo un hijo que es adicto a los videojuegos. Tengo un sobrino que pasó seis semanas en un hospital psiquiátrico porque se negaba a ir a la escuela; solo quería jugar videojuegos todo el día”, le cuenta a la BBC.

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“He visto el lado feo de la tecnología y las redes sociales”, explica. “Y la verdad es que ya no podemos controlarla; ella nos controla a nosotros”.

Pero entonces, ¿cuál es el impacto para los niños?

“Tecnología basura”
La neurociencia ha demostrado que el desarrollo cognitivo de una persona joven continúa hasta los 25 años.

Es difícil resistir la atención a la tecnología, tanto para los niños como para los adultos.
Desde que nacemos hasta esa edad, la madurez emocional, la percepción de la propia imagen y el criterio personal va cambiando hasta que la corteza prefrontal del cerebro se desarrolla por completo.

Durante todo ese tiempo, los niños están consumiendo tecnología, redes sociales y videojuegos, a menudo sin la supervisión de un adulto.

Parmar observó las investigaciones en esta materia, como las de la neurocientífica Susan Greenfield, y asegura que este es el daño potencial que la “tecnología basura” -un concepto equivalente a “comida chatarra” y que hace referencia a aquella tecnología que no enriquece nuestras vidas- puede causarle a los niños:

Les incita a la desensibilización y a la agresión. “Mirar videojuegos violentos no convertirá a tu hijo en un asesino”, dice Parmar, “pero cuando juegan a ellos (la mayoría de los más vendidos en 2018 son de combate) son conducidos a trivializar la violencia”.
Las acciones no tienen consecuencias. En los videojuegos, el mal comportamiento no se castiga. Si te equivocas, tienes otra vida.
¿Qué aprenderán los niños de todo esto? “No mucho. Para empezar, no desarrollarán habilidades como la empatía”, sostiene Parmar.
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Gratificación instantánea
“Necesitamos comprender por qué algunos niños pueden tener una relación perfectamente saludable con la tecnología, mientras que otros se vuelven patológicamente adictos a ella”.

¿Hay alguna relación con el TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad)? ¿Tiene algo que ver con la dopamina que se genera en nuestro cuerpo cada vez que matamos a un monstruo o recibimos una notificación en las redes sociales?”, se pregunta Parmar.

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“Como madre, ¿cómo compenso ese nivel de excitación o gratificación instantánea?”.

Cuando Parmar fundó su empresa, Lady Geek -una consultoría para acercar la tecnología a las mujeres- solía pensar que la tecnología era una manera de democratizar el mundo.

“La verdad es que, a pesar de todas las promesas de democratización, creo que la tecnología está, precisamente, alimentando el déficit de empatía en el mundo”.

Equilibrio como solución
Parmar dice que la tecnología “no es como la obesidad: todo el mundo sabe que la obesidad es mala para nosotros, podemos hacer campaña contra ella”.

“El problema con la tecnología es que tiene muchos beneficios y aspectos positivos relacionados con ella”.

Se trata de usar la tecnología de manera que nos conecte, que nos ponga en contacto de nuevo con nuestras familias”, explica. Y eso va mucho más allá que los videojuegos.

Parmar cree que los “dictadores digitales de Silicon Valley” deben reflexionar sobre las plataformas que están creando y los productos que ofrecen.

Y enuncia algunos ejemplos: “La cuenta atrás de Netflix es muy difícil de resistir. El retrato perfecto de Instagram que nos reafirma en base al número de likes. El valor de las amistades según Snapchat. Los escaparates en los que nos ha puesto Facebook…”.

Parmar dice que los adultos somos responsables de manejar tanto nuestras pantallas como las de nuestros hijos, pero “también hay una responsabilidad por parte de los ‘dictadores digitales’, quienes deben ser más responsables con la tecnología que producen”.

Ella cree que el 70% de la tecnología que consumen los niños es “tecnología basura”.

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