El Bayern no sufre para alcanzar las semifinales

Alemania 11 de abril 2018.- Sin tapizar el vestuario con billetes como el PSG y sin el eco universal del pasen y toquen del City de Guardiola parecía que el Bayern no participaba en esta Champions. Pues aquí está, en una de sus fincas favoritas, las semifinales de la competición. Como casi siempre. El Sevilla se despidió con la ropa limpia. No ha perdido el escudo en toda la campaña europea. En Múnich le faltó dentadura en el área, una costumbre toda la temporada. El Sevilla ha completado la ruta de la santería en sus excursiones europeas.

Allí donde no llegaba el fútbol aparecía un cabezazo milagrero de Palop. Algo se volteó en el Pizjuán con aquellos dos goles en propia puerta. El Allianz Arena es un magnífico estadio para decir adiós y dar la bienvenida a un nuevo proyecto. Nunca pareció peligrar la eliminatoria para los locales.

Cuando el partido se rompió, pocas veces, se fue de área a área. Al Bayern le faltó puntería y al Sevilla una pareja de delanteros que probara el costillar de Hummels y Boateng, demasiado cómodos toda la noche. Las alineaciones no mostraban miedo. La carrera de Javi Martínez ha patinado en veinte metros en los últimos años. Con Bielsa se retrasó hasta ejercer de defensa con zancos en el Athletic; se fue al Bayern y Heynckes le colocó de gobernador en el centro del campo junto a Schweinsteiger para abrazar el trofeo de campeón continental; llegó Guardiola y se compró otra vez los prismáticos para ver el fútbol desde el área; con Ancelotti alternó oficios hasta que el retorno de Jupp le ha dado de nuevo las llaves del latifundio central.

Por delante del navarro el Bayern alineaba un corrillo de estrellas intercontinentales. James, Ribéry, Robben, Müller y Lewandowski no formaban una brigada de ladrones de balones, lo que permitía que Banega pesara el esférico sin problemas. La película cambiaba con las oleadas muniquesas a la contra.

Por las bandas, dos hombres de entresiglos, Robben y Ribéry. Hay jugadas en el deporte con copyright como un revés de Federer. Una de ellas es el regate en la banda cambiada de Robben, algo que empezó antes de que se pagara en euros, y que sigue prodigando. Un día habrá que hacer un pasillo al holandés, ahora que se ha puesto de moda el asunto. Heynckes decía que Banega es el corazón del Sevilla. El argentino es más que eso, es el relojero, el hombre del tiempo, el que dictamina la temperatura del juego del equipo.

Con él al mando el equipo sevillista salía bien de la cueva, pero moría cerca de la red. En las fotos se notaba que Heynckes y Montella fueron delanteros. Ambos equipos se descolgaban de la pizarra como si tuvieran alergia al orden. En el área cientos de centros se le han escapado al Sevilla en esta temporada. Unos iban para Luis Fabiano, otros para Kanouté, algunos para Gameiro e incluso para Bacca, un grupo que encarna la memoria viva del gol del equipo de los palcos y las copas. El equipo de Montella llegaba al área y ahí perdía pie, como en muchos partidos de la temporada. Los dos equipos llevan muletas en la portería.

De poco le valió al Sevilla que el Bayern de este aparente año sabático aparezca sin portero. Bajo esos palos se han ubicado Maier, Pfaff, Kahn o Neuer, lesionado en los últimos meses. Ahora está Ullreich, que no es el rey del glam ni del grito para esa posición. En el equipo de Montella el puesto se ha disputado en un turno en el tobogán.

Unas veces Sergio Rico y otras, David Soria, cumplidor en Múnich, sobre todo en un paradón a Ribéry. La mejor opción del Sevilla se fue al larguero con un cabezazo de Correa, expulsado por una patada a Javi Martínez cuando llegaba el verano. Fue una caricia a un Bayern que se acostaba en Robben cuando Lewandowski tenía claro que la noche era de parte médico, con golpes por todo el mapa del cuerpo. El final fue áspero y bronco. Se va la Champions del Sevilla. Con mucha decencia.

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