El mediocampista de Bélgica no quiso seguir los pasos empresariales de su familia

Rusia 13 de junio 2018.- A diferencia de la mayoría de los futbolistas, su infancia no tuvo carencias. Durante sus vacaciones tuvo la oportunidad de recorrer el mundo. Uno de sus destinos recurrentes fue Ealing, un barrio de Londres en Inglaterra, donde residía la familia de su madre.

También conoció Burundi y Costa de Marfil, países africanos donde había sucursales de la compañía petrolera de su acaudalado abuelo materno. Pero Kevin de Bruyne no quiso seguir los pasos empresariales de su familia. A él le atrajo la pelota.

Desde los cuatro años le detectaron talento puro para el fútbol en su natal Drongen. “Era un chico maravilloso jugando”, señaló uno de sus entrenadores. Hoy representa por segunda ocasión a Bélgica en una Copa del Mundo.

“No soy alguien a quien le obsesione el dinero. Me gusta juntarlo para otras cosas, por ejemplo, para mis vacaciones, como cuando era niño”, recordó el brillante mediocampista del Manchester City.

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