Elecciones Marcadas por el Odio

·        Quieren los Poderosos y sus intelectuales que AMLO se esfume

 

·        Pero si no hicieran fraude, López Obrador ganaría la elección

 

 

 

 

Desde hace algunos fines de semana quería escribirte esta carta, querido Sandro, pero por angas o por mangas no se me había dado la oportunidad. Tu sabes que los periodistas reportamos de lo oportuno, de lo coyuntural, de lo que sucedió hace un momento, y no de lo que sucederá. Eso se lo dejamos a los videntes. En este sentido, y hablo por mí, soy agustiniano. Vivo aquí y ahora. El pasado para mí ya no existe más que como un archivo del que saco lo incorrecto o malo para no repetirlo y lo bueno para hacerlo mejor. Y del futuro, la única certidumbre que tengo es que moriré. Inclusive no sé ni cuándo ni cómo. Y en esto te aseguro que no piensan los políticos. Ellos quieren el pasado, el presente y el futuro en un costal para aprovecharse del Erario y enriquecerse exponencialmente.

Así que voy a hablarte del presente, este presente que los mexicanos viven en medio de la incertidumbre, contando las monedas y los billetes para que medio les alcancen para vivir, pues los salarios son de miedo para la inmensa, inmensísima, mayoría de los trabajadores.

Hasta hoy domingo 27 de mayo (por cierto, cumpleaños de Mari), el proceso electoral ha estado marcado por el odio, por el discurso del deseo de liquidar a un adversario y quedarse ambos dos para repartirse entre ellos lo que queda de la riqueza – petróleo, energía eléctrica, oro, plata, otros importantísimos minerales -no regalada a los extranjeros, estadounidenses, canadienses, españoles, entre otros.

Juegan tres candidatos. Al que los mexicanos quieren menos es al candidato del Partido Revolucionario Institucional, que ha demostrado ser, como decimos acá, “más de lo mismo”, algo así como las huestes de Francisco Franco, personificadas en Mariano Rajoy, pero a la enésima potencia, porque aquí, además de ser fascistas (neoliberales), son ladrones y ladrones a lo grande. Y eso que el candidato priista, cuyo nombre es José Antonio Meade Kuribreña, que se ve que sabe odiar y que no sabe amar, ni siquiera a sí mismo, no es priista sino panista, de la derecha del PAN, que ha vivido como millonario sus últimos 20 años mamando de las tetas del Erario.

El otro candidato se llama Ricardo Anaya Cortes, a quien Andrés Manuel López Obrador, candidato del partido digamos que progresista, que no de izquierda, porque tú y yo sabemos qué es la Izquierda, con Mayúscula, bautizó como Ricky Canalla Canayita. Tu padre, el buen Jerónimo, sí que era de izquierda, cuando el modelo pedía de cada quien según su capacidad y daba a cada quien según su necesidad. Curiosamente, este candidato es satanizado por los otros, por los Anaya, y por Meade, ambos con mirada de perversos. Míralos bien y verás: la eterna sonrisa de Canaya es perversa. El gesto adusto, enfermizo, faz de la mafia, del otro también es perverso, como aquel papa que tenía la cara del diablo, que ahora está en retiro. Benedicto XVI.

La mayoría de la gente. La que es gente gentil. No la que se hace pasar por gente. Va con López Obrador desde hace muchas semanas. Le lleva a Canayín una ventaja de por lo menos 20 puntos. Si hoy fueran las elecciones, y éstas fueran libres, no hubiera el fraude tradicional que opera el gobierno ese día, comprando conciencias de muertos de hambre o avorazados de lo que nunca han gozado. López Obrador, del partido Morena, ganaría de calle la Presidencia de la República, muy a pesar de los intelectuales orgánicos, herederos de aquellos intelectuales del dictador Porfirio Díaz, tan cabrón como Franco o Musolini.

Pero yo me atrevo a dudar. Sólo queda ya menos de un mes de campañas y puedo asegurarte que el gobierno y el PRI, su partido, su negocio, su bolsa de empleo, ya van muy avanzados en la preparación del gran fraude electoral, para que gane el último, el más despreciado de los electores, el que no representa más que a lo que López Obrador llama la mafia del poder, que no está dispuesta a entregar la presidencia porque perdería, quebraría, entraría en la bancarrota política, pero sobre todo empresarial. Para ellos, para Salinas de Gortari, ex presidente, el que le robó el triunfo a Cuauhtémoc Cárdenas en el 88, y todos los demás filibusteros, la presidencia es el punto nodal para seguir haciéndose ricos, aunque lo que no saben es que nada de eso se llevarán a la tumba donde serán alimento de los gusanos.

La jornada electoral es el domingo primero de julio en todo el país. Que el mundo sepa que López Obrador debería ganar. Pero no ganará por el gran fraude avalado por Washington y Wall Street. Dicen que López Obrador sería como el comandante Chávez. No quieren decir que México, en estos momentos, está en peores circunstancias que Venezuela. Allá gobiernan revolucionarios. Acá, ladrones.

analisisafondo@gmail.com

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